miércoles, 22 de septiembre de 2010

Gordas Realidades

Sandro Boticelli, Nacimiento de Venus

Está bien. Lo acepto en público y no me escondo más. Sufro de esa enfermedad moderna que llaman obesidad. La padezco desde niña. Siempre subí y bajé como columpio, haciéndole honores al "efecto yoyo." Pero siempre me las arreglé para lucir "presentable." Hubo épocas de mi vida en las que estuve hasta "buenota," con el sacrificio que aquello implicaba a mi paladar. Siempre me ha gustado la comida, especialmente las comilonas en familia. Y, pecado mas grande, me encanta cocinar, peor aún, cocino bien. Lo último es una maldición, porque si no me encantara experimentar en la cocina como científico en laboratorio, me sería más fácil mantenerme alejada de la tentación. Pero esto es sólo el punto de vista de mi gordita-gourmet interna. Luego viene mi gordita-depre, la que mata cualquier sentimiento o sensación de angustia, felicidad o aburrimiento, además de la nostalgia, la rabia y la tristeza, con comida. Porque la comida soothes, tranquiliza, lo malo es que también engorda. Así que después de 10 años de tratar de tranquilizarme por haberme enfermado de la tiroides y haberme deprimido irremisiblemente, y haber engordado no sé cuantos kilos durante mi embarazo, la tranquilidad me ha costado casi 100 kilos de humanidad, mi autoestima y mi salud.
Siempre me ha parecido que los medios manipulan aquello de la imagen femenina. Siempre he odiado a Twiggy y su ridícula flacura impuesta como modelo de belleza desde los años 60s. Por que no pudimos seguir admirando las curvas de Marilyn? Pero debo aceptar que todo tiene límites y que yo estoy definitivamente GORDA.
Por eso, y para recuperar mi autoestima y mi salud, además de mi energía, me sometí a un procedimiento quirúrgico hace una semana para vencer a mi peor enemigo: mi estómago, quien decidía mi diario acontecer a punta de latigazos de hambre.
Y no me importa lo que piense el mundo, o si soy víctima de las campañas de belleza contemporáneas o no. Yo lo que quiero es ESTAR BUENA otra vez. Sentirme reina y señora de mis carnes y huesos, sentirme como Cleopatra cuando camino, y volver a disfrutar de la ligereza en las acrobacias de mi intimidad. Nadie podrá convencerme ahora de que se trata de una manipulación mediática, porque he estado allí: he sido una diosa, pero he sido también una gorda infeliz. Dejaré que la vanidad sea mi droga en adelante, y en vez de ahogar mis penas en comida, como otros lo hacen en alcohol y otras sustancias, las ahogaré en agua y en amor por mi nuevo yo, quien respetará ahora su cuerpo como lo que debe ser: su templo.

Ver también: Mantequita Anónima 
Espejito, espejito

1 comentario:

  1. Estarás gordita, pero tienes unos ojos maravillosos y eso también se ve.
    Te entiendo perfectamente, yo estoy en la misma tarea, con lentos resultados...pero consiguiéndolo poco a poco.
    Abrazos redonditos!!

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