miércoles, 16 de mayo de 2012

Irse


No, no voy a ponerme a hacer el comentario número seiscientos mil cuatrocientos uno acerca del desafortunado video de los chamos caraqueños. Aunque haciendo eco del pelúo, yo si me iría, "me iría demasiado." Pero nos ha puesto a pensar, cierto? a los que nos fuimos, a los que se quedaron, a los que quieren irse. Todos tenemos razones para irnos de algo o de alguien en algún momento de nuestras vidas. Acabo de leer sobre mudanzas, en el artículo que compartió Ontokita, ese que escribió El Tupac en El Universal. Y se me revolvieron las muchas despedidas, esas pequeñas muertes, esas pérdidas, esos dolores guardados en el corazón y en la barriguita. Imágenes que permanecen en el recuerdo.
Yo siempre he querido irme de algo. A veces lo he hecho. Otras, me he quedado, o  porque no hay remedio, o porque hay que posponer la marcha, o porque el camino es tan largo que hay que repartirlo de a pedacitos. Es entonces cuando uno se dá cuenta de que en realidad nos estamos yendo todo el tiempo, yéndonos de la vida, mientras se nos olvida disfrutar del viaje. Me viene entonces a la mente el poema de Konstantinos Kavafis, en referencia a los viajes de Ulises, como me lo regaló mi tia al emprender mi propio camino a Ithaca, NY, en 1994:

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

Desde entonces descubro mis Itacas aqui, y allá. Y sigo con la maleta hecha, con el morral a cuestas, caminando en la búsqueda de otras Itacas. Algunas son de carne y hueso...Algunas las llevo por dentro...y llegar a ellas ha sido la parte mas difícil de este viaje...Porque no hay cíclopes, ni lestrigones, ni dioses, ni mortales mas poderosos que los que llevamos dentro, cuantas veces no han estado a punto de vencerme?
Irse
Recién me di cuenta de que ya no estoy,
de que me fuí
y no tengo idea de hacia dónde
y mucho menos de si regresaré,
lo que si sé
son las razones de mi definitiva partida...
y es que agoté las demás razones.
Se me atragantaron las pasiones,
me quedé sin esperanzas
y se me pudrió la frustración adentro
y para colmo,
vinieron todas mis soledades juntas a hacerme compañía.
Conté hasta tres millones y medio
pero no había mas paciencia
y cuando todos los dolores me parecieron demasiados, de tan intensos,
pude traspasar mi pecho,
porque no había nada allí:
ni hueco
ni vacío
ni espacio...
No había nada,
nada, nada.
Mi última sensación,
si es que realmente tuve sensación alguna,
fue que yo ya no estaba.
Recién entonces me di cuenta
de que me había ido
y que la única razón para que yo regrese
es que no me canse de no esperar ya
a la razón que nunca vino,
para que yo
me quedase conmigo.
María Alexandra Guerrero, Julio 1994

Emprendo un camino, paralelo al que actualmente recorro, a una nueva Itaca. Y el plan es aprender de la paciencia, de la aceptación de lo que es como es y no como yo quiero que sea: de lo incontrolable, del azar, del destino, de la esperanza sin espera, de la imaginación sin fronteras, del silencio, del deseo no satisfecho, del poder del pensamiento, de la alegría de vivir, del agradecimiento por lo que tengo, de la calma...Como diría mi paps..."tranquila mija querida, del apuro solo queda el cansancio", pero de la paciencia, digo yo, queda la recompensa.
Si me buscan...revisen el camino... voy saliendo...para Itaca.

2 comentarios:

  1. Cantemos juntas: caminante no hay camino, se hace camino al andar...

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  2. No te digo que no pienses en el lugar del que te estás yendo, pero sí creo que ayuda que te concentres en el lugar en el que estás llegando. ¿Por qué elegiste llegar allí y no a otro lado? Creo que la respuesta a esa pregunta puede hacer más placentero el viaje. Saludos.
    PD: Yo también me fui demasiado.

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